Baño de pies o pediluvio: cómo prepararlo con plantas e hidrolatos
Hay días en los que los pies piden agua.
Después de caminar, de pasar muchas horas de pie, cuando hace calor o simplemente cuando apetece parar un rato, un baño de pies es uno de esos cuidados sencillos que no necesitan demasiada preparación.
También se llama pediluvio, y puede hacerse solo con agua o acompañarlo con plantas, sales y otras preparaciones.
Si alguna vez has buscado qué echar en un baño de pies, seguramente te hayas encontrado con romero, lavanda, sales de Epsom, bicarbonato o aceites esenciales.
Hay otra posibilidad que aparece bastante menos y que, para mí, tiene muchísimo sentido en una preparación cuyo medio principal es precisamente el agua: los hidrolatos.
¿Qué es un pediluvio?
Un pediluvio es simplemente un baño de pies, normalmente manteniéndolos sumergidos durante unos minutos.
Puede prepararse por descanso, por cuidado de los pies, para refrescarse, después de una caminata o como parte de un momento de limpieza o descarga.
No hace falta ningún aparato especial. Un recipiente suficientemente amplio, agua a una temperatura agradable y unos minutos son suficientes.
A partir de ahí podemos decidir si queremos utilizar solamente agua o acompañarla de plantas y otros preparados.
Cómo preparar un baño de pies en casa
Utiliza un barreño o recipiente en el que puedas apoyar cómodamente los dos pies y añade suficiente agua para cubrirlos bien.
La temperatura dependerá del momento y de lo que busques. El agua templada puede apetecer al final del día o en los meses fríos, mientras que cuando hace calor puede resultar mucho más agradable un baño fresco.
Entre 10 y 15 minutos es un tiempo sencillo para empezar.
Al terminar, seca bien los pies, especialmente entre los dedos.
Y ahora viene la parte que más posibilidades ofrece: qué añadir al agua.
Qué echar en el agua de un baño de pies
Una forma tradicional de incorporar plantas a un baño consiste en preparar una infusión o una decocción y añadirla después al agua.
Romero, lavanda, salvia, tomillo, menta o melisa aparecen desde hace tiempo en preparaciones de baño. Las sales también son habituales, solas o acompañando a las plantas.
Pero si trabajamos con plantas aromáticas podemos utilizar otra preparación: el hidrolato.
Y aquí conviene distinguir bien entre una infusión, un hidrolato y un aceite esencial, porque aunque los tres puedan proceder de la misma planta, no son lo mismo.
Baños de pies con plantas: infusión o decocción
Si tienes la planta seca o fresca, esta es probablemente la opción más inmediata.
Preparas una infusión —o una decocción cuando la parte de la planta lo requiere—, la filtras y la incorporas al agua del pediluvio.
Es una forma muy sencilla de hacer un baño de pies con romero, lavanda, salvia u otras plantas que tengamos en casa.
Pero la extracción que hacemos con agua caliente es diferente de la que ocurre durante una destilación.
Y eso nos lleva a los hidrolatos.
¿Qué es un hidrolato y por qué utilizarlo en un baño de pies?
Un hidrolato es un extracto acuoso obtenido durante la destilación de materia vegetal.
No es agua a la que se le haya añadido aceite esencial y tampoco es un aceite esencial muy diluido.
Durante la destilación pasan al agua moléculas con afinidad por ella y una pequeña fracción de otros componentes aromáticos. El resultado tiene una composición propia, diferente de la planta infusionada y diferente también del aceite esencial.
Cuando destilo en Apañando Herbas, trabajo precisamente pensando en el hidrolato como producto principal. Para mí no es el agua que queda después de obtener un aceite esencial, sino el extracto que quiero conseguir y cuya calidad depende de cómo conduzco toda la destilación. Esa misma forma de entender el hidrolato es la que desarrollo en la web.
Al ser una preparación acuosa, podemos incorporarla directamente al agua de un baño de pies.
¿Cuánto hidrolato poner en un pediluvio?
No hace falta trabajar con una cantidad rígida para todos los hidrolatos.
Como orientación sencilla, podemos comenzar con unas 4 o 5 cucharadas soperas, aproximadamente 60–75 ml, en un barreño de agua y ajustar a partir de ahí según la cantidad de agua, el hidrolato y la intensidad aromática que busquemos.
En un hidrolato artesanal la intensidad puede variar bastante entre plantas e incluso entre destilaciones. Por eso me parece más interesante aprender a observar el producto que trabajar siempre con una receta inamovible.
Puedes utilizar un solo hidrolato o combinar dos o tres que tengan sentido juntos.
Qué hidrolato elegir para un baño de pies
Aquí es donde el pediluvio se vuelve especialmente interesante.
Un baño preparado con romero no tiene nada que ver con uno de lavanda, de limón o de helicriso. Cambian el aroma, la sensación y la propia experiencia del baño.
Estos son algunos de los que yo tendría especialmente en cuenta.
Hidrolato de romero
El romero es probablemente uno de los primeros que elegiría para un baño de pies.
Su hidrolato tiene un carácter herbal, fresco y bastante reconocible, y encaja especialmente bien después de caminar, de trabajar o cuando los pies están cansados.
Además, es una planta muy interesante para comprender la diferencia entre preparaciones. Una infusión de romero, un hidrolato de romero y un aceite esencial de romero proceden de la misma planta, pero no contienen lo mismo ni deben utilizarse de la misma manera.
El hidrolato de romero es uno de los que más he estudiado y actualmente tiene también su propia monografía dentro de la colección de Apañando Herbas.
Hidrolato de lavanda
La lavanda cambia completamente el carácter del pediluvio.
Es una buena elección cuando buscamos un baño más tranquilo, especialmente al final del día.
También me parece una planta muy buena para empezar a conocer los hidrolatos porque permite comprobar algo que ocurre muchas veces al destilar: el aroma del hidrolato no tiene por qué ser una copia del aroma de la planta ni de su aceite esencial.
El hidrolato tiene su propia identidad.
Si quieres conocerlo con más detalle, en el blog puedes seguir leyendo sobre el hidrolato de lavanda.
Hidrolato de limón
El hidrolato de limón es especialmente interesante en un baño de pies porque aporta una sensación fresca, limpia y ligera, muy agradable cuando hace calor o después de caminar.
Su perfil cítrico hace que el pediluvio resulte más vivo y refrescante, y puede ser una buena elección cuando apetece un baño menos floral y más fresco.
Además, es fácil confundirlo con el aceite esencial de limón, pero no son lo mismo.
El hidrolato que obtengo al destilar el limón es un extracto acuoso con composición propia. No es aceite esencial diluido en agua y, precisamente por eso, se puede incorporar directamente al agua del pediluvio.
Si quieres profundizar en cómo se obtiene y por qué este hidrolato sí existe, puedes leer el artículo sobre el hidrolato de limón.
Hidrolato de helicriso
El helicriso, Helichrysum italicum, me parece especialmente interesante en un baño de pies después de una caminata larga, un golpe, una torcedura o cuando pies y tobillos están resentidos.
Su hidrolato se utiliza tradicionalmente en el cuidado de golpes, contusiones, hematomas y procesos inflamatorios, por lo que puede resultar especialmente interesante en compresas o baños locales.
En un pediluvio tiene mucho sentido después de una ruta, una jornada intensa o cuando queremos cuidar pies y tobillos tras una pequeña torcedura o sobrecarga.
Si quieres conocerlo mejor, puedes ampliar información en la guía sobre el hidrolato de helicriso.
También es uno de los hidrolatos a los que he dedicado una monografía completa, donde profundizo en su composición, usos y precauciones.
Hidrolato de salvia
La salvia, Salvia officinalis, me parece especialmente interesante para un baño de pies cuando hay tendencia a una transpiración abundante.
Su hidrolato tiene carácter astringente y se utiliza tradicionalmente en el cuidado de los pies precisamente para ayudar a regular la sudoración. Por eso puede ser una buena elección para un pediluvio, especialmente en épocas de calor o cuando los pies pasan muchas horas dentro del calzado.
Además, tiene un aroma claramente herbal, bastante cercano al de la propia planta fresca, que da al baño un carácter completamente distinto al de la lavanda o el limón.
Hidrolato de milenrama
La milenrama, Achillea millefolium, es una planta con una larga tradición de uso externo y una afinidad especialmente interesante con la circulación venosa.
En herbolaria se ha utilizado tradicionalmente en situaciones de circulación venosa lenta, pesadez y varices, además de por su carácter astringente y tonificante de los tejidos.
Por eso, en un pediluvio me parece una opción especialmente interesante después de muchas horas caminando o de pie, cuando los pies están cansados y buscamos un baño orientado al descanso y al cuidado de la circulación.
Su hidrolato tiene además un carácter herbal muy particular y es uno de los que conozco bien desde el alambique.
Hidrolato de jara
La jara pringosa, Cistus ladanifer, tiene una larga tradición de uso externo ligada al cuidado de la piel y de los tejidos.
En la medicina popular se ha empleado en heridas, llagas y contusiones, y también encontramos usos tradicionales relacionados con la circulación venosa y las varices, mediante paños o preparaciones acuosas aplicadas de forma local.
Por eso, en un pediluvio me parece especialmente interesante cuando los pies están castigados por el roce, después de caminar o cuando queremos prestar más atención al estado de la piel.
Su hidrolato tiene además un carácter muy particular, herbal y profundo, muy diferente al frescor del limón o al perfil más reconocible del romero.
Es otro de los hidrolatos que conozco desde el alambique y que muestra muy bien cómo una misma práctica —en este caso un baño de pies— puede cambiar completamente según la planta que elijamos.
¿Se puede añadir sal a un baño de pies?
Sí.
Podemos preparar un pediluvio con agua y sal, con plantas, con un hidrolato o combinar varios de estos elementos.
La sal marina y las sales de Epsom aparecen con frecuencia en preparaciones para baños de pies.
Lo que conviene no hacer es utilizar la sal pensando que con ella podemos diluir un aceite esencial en el agua, porque no funciona así.
Aceites esenciales en el baño: por qué no conviene echarlos directamente al agua
Este punto me parece especialmente importante porque se repite muchísimo en recetas de Internet.
Es habitual encontrar indicaciones del tipo:
“Añade cinco gotas de aceite esencial al agua del baño”.
Pero el aceite esencial no se disuelve en agua.
Aunque haya varios litros de agua en una bañera o en un barreño, las gotas de aceite esencial continúan separadas del agua. Pueden quedar flotando en pequeñas gotas y acabar entrando en contacto con la piel prácticamente sin diluir.
Eso aumenta el riesgo de irritación cutánea.
Por tanto, añadir aceite esencial directamente al agua no equivale a diluirlo.
Y esto no se aplica únicamente a los baños de pies.
Lo mismo ocurre en una bañera
Llenar una bañera completa no cambia el comportamiento del aceite esencial.
Agua y aceite siguen sin mezclarse.
Si queremos incorporar aceites esenciales a un baño corporal necesitamos utilizarlos correctamente formulados, con un sistema apropiado de dilución o dispersión según la preparación.
Este detalle es importante porque muchas personas utilizan los aceites esenciales con mucho cuidado sobre la piel y, sin embargo, al llegar a la bañera consideran que el agua los está diluyendo.
No es así.
¿Y si primero ponemos el aceite esencial en sal?
Tampoco estamos solucionando el problema.
Podemos echar las gotas sobre sal marina o sales de Epsom y aparentemente quedan repartidas entre los cristales, pero cuando introducimos esa mezcla en el baño la sal se disuelve y el aceite esencial vuelve a quedar separado del agua.
Las sales de Epsom no son un dispersante para aceites esenciales.
Esta es precisamente una de las razones por las que me parece tan interesante hablar de hidrolatos cuando hablamos de baños.
Aceite esencial e hidrolato no son intercambiables
Los dos pueden aparecer en una misma destilación, pero no son dos versiones de lo mismo.
El aceite esencial concentra principalmente determinados compuestos volátiles lipófilos.
El hidrolato es la fase acuosa de la destilación y contiene sobre todo los componentes con mayor afinidad por el agua, junto con cantidades muy pequeñas de otros compuestos aromáticos.
Por eso podemos añadir un hidrolato directamente al agua de un pediluvio mientras que no debemos hacer lo mismo con unas gotas de aceite esencial sin formular adecuadamente.
Esta diferencia parece sencilla, pero ayuda a entender muchísimo mejor qué estamos utilizando.
Infusión, hidrolato y aceite esencial: la planta es la misma, el extracto no
Pensemos otra vez en el romero.
Podemos prepararlo en infusión, destilarlo y recoger su hidrolato o, en determinadas condiciones, obtener también su aceite esencial.
La planta de partida puede ser la misma, pero el método de extracción determina qué componentes pasan a cada preparación y también cómo debemos utilizarla.
Una infusión o decocción se obtiene poniendo la planta en contacto con agua y utilizando el calor para extraer parte de sus componentes. Una vez preparada y filtrada, podemos añadirla directamente al agua del pediluvio.
El hidrolato se obtiene mediante la destilación. Es una preparación acuosa con composición propia y puede incorporarse directamente al agua del baño.
El aceite esencial, en cambio, está formado principalmente por compuestos volátiles lipófilos y no se mezcla con el agua. Añadir unas gotas a un barreño o a una bañera no significa que hayan quedado diluidas; para utilizarlo en una preparación acuosa necesita una formulación adecuada.
Por eso me parece importante estudiar los hidrolatos como hidrolatos. No basta con consultar las propiedades del aceite esencial de una planta y reducir la cantidad, ni con trasladar automáticamente al destilado todo lo que sabemos de la planta medicinal.
Entender estas diferencias nos ayuda a utilizar cada preparación con mucho más criterio.
Algunas precauciones sencillas
Un pediluvio es una preparación fácil, pero conviene utilizar sentido común.
Evita temperaturas excesivamente altas y no mantengas durante mucho tiempo los pies en remojo si la piel está muy macerada. Si existen heridas, infecciones, alteraciones importantes de la piel o pérdida de sensibilidad, es mejor valorar primero si el baño es apropiado.
Y, como con cualquier hidrolato que vayamos a utilizar sobre la piel, importa su calidad, conservación y estado.
Un buen hidrolato no es simplemente agua perfumada.
Un baño de pies puede ser una buena forma de empezar a conocer los hidrolatos
Puede que hayas llegado a este artículo buscando cómo hacer un baño de pies, un pediluvio con romero, qué poner en el agua o cómo utilizar aceites esenciales en el baño.
Y puede que hasta ahora nunca hubieras pensado en utilizar un hidrolato.
Para mí ahí está precisamente lo interesante.
Una misma planta nos ofrece preparaciones muy diferentes dependiendo de lo que hagamos con ella. Podemos infusionarla, macerarla o destilarla, pero no obtenemos lo mismo.
Conocer esas diferencias ayuda a utilizar las plantas con más criterio.
Si quieres seguir profundizando, en Apañando Herbas tienes artículos específicos sobre los hidrolatos de romero, limón, helicriso y lavanda, además de una sección completa dedicada a sus usos y a la destilación.
Y si quieres ir un poco más allá, actualmente están publicadas las monografías del hidrolato de romero, del hidrolato de limón y del hidrolato de helicriso, donde desarrollo cada uno con bastante más profundidad.
La destilación es precisamente el paso siguiente: comprender qué ocurre con la planta en el alambique y por qué la forma en que destilamos cambia el hidrolato que obtenemos.
Autoría
Texto elaborado por Sandra Regueiro
Destiladora y formadora en destilación de hidrolatos · Apañando Herbas








